El cuestionado caso Quimagro


El empresario y representante legal de esta empresa, Antonio Vega, llamó a la anterior Sala de lo Constitucional injusta y corrupta, pero hoy se ampara a la corrupción de la nueva Sala sumisa a las decisiones del Ejecutivo. La veracidad del caso Quimagro es tan cuestionable como la misma reputación de su propietario, ya que éste ha recurrido a los tentáculos de la corrupción para ser favorecido con 49 millones de dólares.

Antonio Vega, mal administrador y estafador.


El empresario salvadoreño y representante de la fertilizadora Quimagro quebró su empresa, hizo un préstamo bancario que nunca pago y después de casi 40 años busca ser indemnizado. La corrupción del sistema judicial salvadoreño resucitó a Quimagro, después de exigir que una financiera pague más de 40 millones de dólares por daños y perjuicios. Sin embargo, después de 1984, año en el que solicitó un préstamo por 350 mil colones para subsanar las finanzas de su empresa, Antonio Vega, se dedicó a victimizarse ante la opinión pública, difamando al banco y a jueces donde se ventilaba su caso.

Quimagro vencido en tres juzgados


Los argumentos de Antonio Vega no fueron suficientes para ganar el caso. Sin embargo, buscó “padrinos” para ser beneficiado con $40 millones. Quimagro es un caso emblemático de corrupción, el cual fue resucitado después de casi 40 años por la nueva Sala de lo Constitucional, nombrada inconstitucionalmente el pasado 1 de mayo de este año. Con jueces, magistrados y socios de Antonio Vega, se confabuló para que la financiera pagara $40 millones, aún sabiendo que el dueño de Quimagro continúa siendo deudor del préstamo recibido en 1984, equivalente a 350 mil colones, del cual solo pago tres cuotas.

Quimagro: “El fin justifica los medios”


La historia entre Quimagro y un banco salvadoreño fue resucitada y beneficiada por los nuevos magistrados que restaron importancia a las sentencias la antigua Sala de lo Constitucional. Durante más de tres décadas, Antonio Vega, ha descargado toda responsabilidad sobre el banco, el cual le prestó 350 mil colones, del cual solamente pagó tres cuotas, quedando en deuda por más de 30 años. Es de señalar, que antes de que la institución financiera procediera al embargo, Quimagro ya era una empresa en quiebra, endeudada y que dejó en graves problemas a sus proveedores y qué según personas allegadas a su círculo de confianza, es costumbre.

La corrupción compensa QUIMAGRO


Antonio Vega, propietario de Quimagro exige $49 millones por supuestos daños, pero omite decir que nunca pagó el préstamo bancario de 350 mil colones. En su afán por aumentar su riqueza, este empresario ha fingido por más de 30 años, un calvario y acusa a una financiera de El Salvador de ser la responsable de su bancarrota. Sin embargo, Antonio Vega ha perdido el caso en tres ocasiones en tres tribunales de ese país, aun así, continúa afirmando que ha sido víctima de parte de la banca local.

Antonio Vega, presta dinero y no paga


El empresario y dueño de esta empresa aprovecha la corrupción de la justicia para pasar de 350 mil colones a $49 millones en un caso que se ha perdido ya 3 veces en los juzgados de EL Salvador. Quimagro solicitó en 1984 financiamiento bancario a dos instituciones financieras de El Salvador para mantener a flote su negocio de comercialización y distribución de fertilizantes. De ese compromiso crediticio, Antonio Vega solamente pagó tres cuotas y se declaró en quiebra para evadir la justicia, una práctica común en el empresario salvadoreño.

QUIMAGRO usa nexos del poder para lucrarse


Ante la falta de pruebas y derrotas en los tribunales, Antonio Vega recurre a nuevos magistrados, allegados a José Luis Merino para defalcar a banco Cuscatlán. La empresa Quimagro, se niega a aceptar las resoluciones de los tribunales salvadoreños y se apoya en la corrupción política-judicial para evadir responsabilidades mercantiles asumiendo el papel de víctima. Para cambiar la historia, la cual apunta al incumplimiento de préstamos bancarios, hoy dueño y representante legal de dicha empresa, Antonio Vega, aprovechó sus nexos que tenía en el poder para conseguir un resultado favorable.

Quimagro prestó 350 mil colones y no pagó a financieras salvadoreñas.


La empresa solo pagó tres cuotas del préstamo solicitado y se declaró en quiebra para evitar ser embargada. El empresario salvadoreño y propietario de Quimagro, Antonio Vega, enfrentó serios problemas económicos por su mala administración, según declarara uno de sus gerentes en aquella época. Según documentos, 1984 la empresa solicitó un préstamo por 350 mil colones a dos financieras locales, comprometiéndose a pagarlas en el plazo establecido, pero solamente abonó tres cuotas, argumentando debido al conflicto armado, el cultivo de algodón, un rubro al cual la empresa daba servicio de pesticidas.