La corrupción compensa QUIMAGRO


Antonio Vega, propietario de Quimagro exige $49 millones por supuestos daños, pero omite decir que nunca pagó el préstamo bancario de 350 mil colones. En su afán por aumentar su riqueza, este empresario ha fingido por más de 30 años, un calvario y acusa a una financiera de El Salvador de ser la responsable de su bancarrota. Sin embargo, Antonio Vega ha perdido el caso en tres ocasiones en tres tribunales de ese país, aun así, continúa afirmando que ha sido víctima de parte de la banca local.

Antonio Vega, presta dinero y no paga


El empresario y dueño de esta empresa aprovecha la corrupción de la justicia para pasar de 350 mil colones a $49 millones en un caso que se ha perdido ya 3 veces en los juzgados de EL Salvador. Quimagro solicitó en 1984 financiamiento bancario a dos instituciones financieras de El Salvador para mantener a flote su negocio de comercialización y distribución de fertilizantes. De ese compromiso crediticio, Antonio Vega solamente pagó tres cuotas y se declaró en quiebra para evadir la justicia, una práctica común en el empresario salvadoreño.

QUIMAGRO usa nexos del poder para lucrarse


Ante la falta de pruebas y derrotas en los tribunales, Antonio Vega recurre a nuevos magistrados, allegados a José Luis Merino para defalcar a banco Cuscatlán. La empresa Quimagro, se niega a aceptar las resoluciones de los tribunales salvadoreños y se apoya en la corrupción política-judicial para evadir responsabilidades mercantiles asumiendo el papel de víctima. Para cambiar la historia, la cual apunta al incumplimiento de préstamos bancarios, hoy dueño y representante legal de dicha empresa, Antonio Vega, aprovechó sus nexos que tenía en el poder para conseguir un resultado favorable.

Quimagro prestó 350 mil colones y no pagó a financieras salvadoreñas.


La empresa solo pagó tres cuotas del préstamo solicitado y se declaró en quiebra para evitar ser embargada. El empresario salvadoreño y propietario de Quimagro, Antonio Vega, enfrentó serios problemas económicos por su mala administración, según declarara uno de sus gerentes en aquella época. Según documentos, 1984 la empresa solicitó un préstamo por 350 mil colones a dos financieras locales, comprometiéndose a pagarlas en el plazo establecido, pero solamente abonó tres cuotas, argumentando debido al conflicto armado, el cultivo de algodón, un rubro al cual la empresa daba servicio de pesticidas.